Villancicos y otros cortocircuitos

Me estoy esforzando por trabajar en la terraza. Hace una chicharra de infarto y hasta hace escasos diez minutos no ha parado la obra de la esquina, pero para lucir hay que sufrir, y una tiene que coger colorcito para la próxima boda. Colorcito, sí, porque lo de hacer dieta está descartado desde el segundo día. Lo he intentado, lo juro, pero es superior a mí. Tengo mi récord sin pecar en aproximadamente 35 horas. Ni una más y puede que alguna menos.

Bueno, a lo que iba. La terraza. La puta terraza y el calor. A estas horas ya no sé escribir si no me pongo los auriculares y Marea a tope. Siempre con Marea. No sé hacerlo de otra forma. Tiro de clásicos. Entre ‘Los mismos clavos’ y ‘Corazón de mimbre’ he escuchado un villacinco.

¡Beléeen! ¡Campanas de Belééééééééén!

Reconozco que casi tengo que mirar la fecha, pero estoy segura de que todavía estamos en agosto. O mayo. Buff, no lo sé. No lo sé yo, ni tampoco el criajillo que cantaba el villancico en la residencia de mayores que tengo justo delante. Creo que alguien sí sabía bien la fecha porque le ha chistado para que se calle. Entonces ha llegado el temazo.

¡Yo tengo un amigo que me aaaaaaaaaaama, me aaaaaaaaaaaaaaama, me aaaaaaaaaaaaaaaaaaama. Yo tengo un amigo que me aaaaaaaaaaaaaaama, su nombre es Jesúúúúuus!

He tenido que levantar la mirada. No me ha quedado otra. Un grupo muy majo de nenes y nenas cantaba a pleno pulmón la canción y, tras el concierto, han colocado unas cuantas flores como ofrenda en la estatuilla que adorna el centro del patio. No me ha llamado la atención la canción, sino el criajillo. Sin saber muy bien por qué, en medio de los aplausos que -cómo no- han llegado tras la canción, ha decidido que era buen momento para salir corriendo hacia la mesa de la merienda al grito de ¡Beléeen! ¡Campanas de Belééééééééén!

Y me ha hecho feliz. Yo a ese lo quiero siempre en mi equipo. Quiero que tenga por norma que a la mesa de la merienda se llega siempre el primero, que siempre es buen momento para cantar un villacinco -menos entre el 3 y el 8 de enero porque entonces lo prohíbe la Constitución- y que cualquier día es navidad porque siempre es un buen momento para comer y cantar por encima de tus posibilidades.

Venga criajillo, que solo quedan unas pocas horas para superar este miércoles.

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