Volver a empezar


El bloqueo mental es traicionero. Te permite avanzar con tu vida cada hora, cada día, cada semana. Ponerte objetivos más o menos realistas que terminas cumpliendo -o no-, con la consiguiente presión extra sobre tu salud mental. Pero al final del día pasa factura con un 43% de IVA.

Primero llega el cansancio. Luego, las pesadillas. No son gran cosa. Lo habitual, que al final no es tan habitual. Las pesadillas dejan paso -o se quedan, total, para qué irse- a una irritabilidad que cada vez es mayor. Esta vez no hay ataques de ira -bien por ti, Bego-, pero te das cuenta de que o frenas o frenas.

Y no frenas del todo, aunque reduces ligeramente tu ritmo vital. Empiezas a dedicar más tiempo a pensar en ti, a hablar de lo que te pasa. Tras dos meses, te dan cita. Y mañana, de vuelta a una silla, sillón, sofá.

Me hace ilusión. Es como el primer día en un nuevo trabajo. Tengo dentro una mezcla de miedo -por afrontar verdades ocultas-, de esperanza -por vaciarme por dentro- y de ganas -por recuperar la energía vital. No la que ven los demás, sino la que ves tú, la que va por dentro, la que alegra tus días-.

Ángela volvió hace ya tres meses, pero ya va camino de la puerta.

Bego, te echo de menos. Ojalá volver a encontrarnos. Ojalá no volvernos a dejar.

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