El procrastineo

Esa sensación de querer correr sin saber andar es algo que me lleva persiguiendo toda la vida. Esos nervios, esa inquietud, esas ganas de volar. Empiezo a darme cuenta de por qué Melchor me ha traído este año un libro sobre yoga. Dice una pajarita que hay que tener valor para hacer lo que Melchor ha hecho, que ella no se hubiera atrevido.

Bego, ¿te lo puedes creer? Me llaman culo inquieto sin ser yo nada de eso.

La Bego se ha dado la vuelta en la cama para seguir durmiendo. Está un poco enfadada porque hoy nos hayamos levantado tan temprano. Joe, vale, hoy libro, pero el máster no se hace solo.

Reconozco que me ha costado cerca de una hora centrarme, pero como siempre, mi adorada cafetera y Yiruma han venido al rescate. Ahora no puedo parar de mover los pies y bailo en vez de estudiar el Islam político en el siglo XXI. Me consuelo pensando en que soy una artista procrastinando. Eso no lo puede decir cualquiera.

Me arrebujo un poco más en mi bata de señora y me despisto mirando hacia el monte. Es una imagen preciosa. Se ven algunas nubes bajas, pero el sol se ha hecho con el poder en el monte. Ay, quién pudiera escaparse esta mañana a pasear por ahí.

Ay.

Uch.

No me deis más ideas que la Bego ya me ha lanzado un zapato a la cabeza pidiéndome que me centre.

A pesar de lo que pueda parecer, la Bego está feliz. Las cosas van bien. Muy bien. Seguimos pasando sueño y comiendo como cerditas por el estrés que nos generamos a nosotras mismas. Vamos, como siempre.

Volvemos al tajo.

¡Nos vemos!

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