El bienquerer

Ludovico Einaudi se ha vuelto a hacer un hueco en mi mesa. Las notas suenan un poco más alto de lo que me gustaría, pero si la bajo, se oye la música de la Rosalí, con su malquerer, que anima la mañana de los vecinos. El café se ha quedado frío y yo ya he limpiado todo lo que he encontrado porno.

Porno, sí. Por no ponerme a trabajar. No me fluyen las ideas. Espero que el café haga efecto pronto y espabile, o me sé de uno que me recordará con mucho amor que estoy a prueba, aunque con aumento de sueldo.

Los días se pasan tan rápidos que no tengo muy claro si ya es miércoles o jueves. Día 24 del mes. Hace exactamente un año que empecé a trabajar en Nespresso y me mudé definitivamente a Pamplona desde Vitoria, donde probablemente viví uno de los peores y mejores años de mi vida. Todo al mismo tiempo.

De vuelta a Pamplona, me costó casi un año perdonarme. Desde esa vuelta, tres trabajos distintos, tres países, seis viajes, muchos conciertos, decenas de bailes e infinitas horas de curro. Y lo que te rondaré, morena.

Sigo creyendo que todavía estoy despegando, que queda mucho vuelo por remontar. Solo ha sido un breve anticipo de lo que está por llegar.

Dios, voy a por otro café, porno.

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