¡Marchando otra rumbita!

A veces, cuando creo que no tengo ni fuerzas ni tiempo para sacar las cosas adelante, cuando tengo ganas de mandar a todo y todos al garete, recuerdo por qué un día decidí que quería que esto fuese lo mío.

Hoy es uno de esos días.

¡Marchando otro café y una rumbita en los auriculares!

Cuando le cuento a la Bego que cuanto más agobiada estoy, más termino sonriendo por la calle, me responde que estoy como una puñetera regadera. Vale, mi alegría no está directamente relacionada con el nivel de agobio y de estrés, pero sí con el hecho de que al final, aunque sea un poco tarde, termino sacando las cosas. Y eso, creo que es lo que más me gusta.

Es cierto que todavía me queda tanto por aprender, que a veces me entran los mil demonios por el cuerpo. Reconozco que suelo enfadarme de media cuatro veces al día, y que se me pasa después de una rumbita. El nivel de café en vena no es tan alto como algunos imaginan. De hecho, últimamente suele estar bastante bajo, aunque eso solo sea porque me he pasado al descafeinado a partir de las seis de la tarde. Ya sabéis, efecto placebo.

Son muchas horas, poco a cambio, y un mundo entero de posibilidades. Y estoy tan enganchada a esa sensación como al café.

Y sí, echo un poco de menos pasar ratitos con la Bego. Ayer tuvimos nuestro momento de paz y de mimos mutuo y salí renovada. Ojalá nunca olvide que estoy acompañada por alguien mil veces más fuerte que yo. Ojalá nunca permita que esa sensación de protección y amor propio desaparezca. Ojalá, nunca.

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