Al son de tu armónica

La Bego realmente se ha hecho mayor.

Hasta ahora contaba su mayoría de edad desde el día en que ella me dijo que cumplía los dieciocho. Ingenua de mí. Algún día aprenderé que hay personas que nunca llegan a esa mayoría de edad, que otras son mayores casi desde la cuna, y que a otras, como a la Bego, les cuesta madurar un poco más que a los demás.

¿Cuándo me di cuenta? Cuando en vez de ponerme nerviosa me eché a reír como si no hubiera un mañana. Cuando en vez de sentarme en el suelo de mi situación aterradora imaginaria (esa que tanto esfuerzo me costó trabajar con Clemente), me levanté y volví sobre mis pasos para coger del brazo a la Bego e invitarle a una caña.

Y todo ello al son de la armónica, al ritmo de esa mítica banda que nos ha vaciado un poco más los bolsillos, pero que nos ha llenado algo más el corazón.

Darme cuenta de que la Bego se ha hecho mayor no ha sido resultado de un día ni de una situación, ni siquiera de una persona. Son varias las situaciones y las personas que han hecho espabilar a la Bego. La “tiranía del qué dirán” la tenía un poco -demasiado- amordazada.

Ayer por primera vez en mucho tiempo la sentí persona. No es que de normal no la sienta, pero desde hace dos o tres meses no conseguimos sentirnos así. No sé si son las pesadillas que tenemos cada noche, las horas de no dormir o la incomodidad de nuestros zapatos de chachachá, pero no conseguíamos ser nosotras mismas. Ayer, el son de la armónica logró que nos relajáramos y disfrutásemos de nosotras mismas.

No sé cuánto nos durará.

No me mires así Bego, que sabes perfectamente que por cada paso que damos, solemos retroceder medio. Y no, no soy pesimista.

Sí, lo sé, estamos en el buen camino, pero aún nos queda mucho trabajo por delante.

Y no, no voy a dejar de acudir a nuestra cita semanal de liberación.

No, tampoco voy a dejar la cerveza. ¡Bego! Que no panda el cúnico, que seguimos siendo las mismas. Vale, no, no somos las mismas, pero creo que somos una versión mejorada de las Bego y Amaia de hace unos meses.

Sé que odias ir de compras, Bego, pero deberíamos ir pensando en comprarnos otros zapatos más cómodos de chachachá. Estos ya nos quedan viejos.

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