Esta vez, sí que sí

Hay ciertas cosas que no cambian nunca, como mi necesidad de tomar un café con leche para poder ser persona por las mañanas, por las tardes y por las noches. Reconozco que para que mi madre y la Bego no me riñan por tomar demasiado café, a veces me tomo algún que otro descafeinado. Pero un descafeinado siempre será eso, un descafeinado. Como la cerveza con limón, que ni es limón ni es cerveza.

También hay otra cosa que no cambia nunca: jamás he cumplido mi lista de propósitos de Año Nuevo. Ah, eso sí, todos los años escribo una lista. O un post, según me dé. El año pasado no lo hice porque la Bego aún era muy chiquitita y bastante tenía con darle Actimel cada dos horas para que creciese. Actimel o un descafeinado con leche. Jamás una cerveza con limón, que ni es limón ni es cerveza.

Lucía me escribirá en cuanto lea esto para recordarme que el otro día me pedí una cerveza con limón. Hay documentos gráficos. Qué cosa más mala, hablando mal y pronto. Y qué mayor tengo que haberme hecho para haber pedido ‘eso’.

A lo que iba, propósitos de Año Nuevo.

Esta vez ni siquiera voy a esforzarme en prometer que la dieta la empiezo el lunes. Es absurdo: la empiezo en el desayuno y para el almuerzo ya me la he saltado.

Lo de sonreír más y discutir menos, eso sí que sí, este año lo cumplo. Pido perdón de antemano porque -no es ningún secreto- soy una bomba de relojería. Palabras de Lucía.

Ah, también me propongo viajar más, trabajar menos y tener tiempo para mí. Y prometo contestar los Whatsapps antes de 48 horas. De verdad de la buena.

La Bego no para de reírse. Me dice que sí a todo como a los tontos. Solo se ha puesto seria para pedirme que este año, sí que sí, aprenda a dedicarme tiempo a mí misma. Y de paso me ha pedido que le dedique un poquito más de tiempo a ella, que le escuche más y que le quiera mejor.

Y que retome el blog, que tiene ganas de reinventarse.

Pues allá voy.

La Bego me ha traído una infusión para dormir mientras tecleo. Es una indirecta muy directa. No quiere otro café con leche porque ya ha perdido la cuenta de los que llevamos hoy. Cree que cuatro, aunque yo prefiero callarme la cifra real.

Ay, Bego, te quiero más que nunca.

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