Pompa de jabón

Qué cabreo tiene la Bego. Conmigo, consigo misma, con el resto del mundo. Esta chica, desde que es mayor de edad, se toma todo a pecho.

Sí, sé que no lo parece, pero lo es. Yo hay días que tampoco me lo explico.

Es imposible entender a una persona que se levanta feliz y que a las dos horas tiene ganas de meterse en la cama hasta mañana, y no por sueño, sino por desgana. Pero media hora más tarde, vuelve a taladrarme la cabeza con mil planes imposibles que sabe que nunca llevará a cabo pero que le llenan de ilusión.

Hay veces que la veo venir de lejos. Viene corriendo, gritando, saltando: “Me voy a República Dominicana en cuanto pueda”. A los diez minutos cambia y dice que prefiere Vietnam. Luego lo piensa mejor y cree que su próximo destino será Londres. La cosa está en irse lejos. Sin embargo, a la media hora me manda un Whatsapp disimuladamente: “Creo que me quedo por aquí. Es lo mejor, estoy a gusto, soy feliz, solo necesito un trabajo”.

Y me dan ganas de tirarle por la ventana. A ella y a sus constantes vueltas de tuerca.

Hay veces que me vuelve tan loca que le tengo que pedir que frene, que no lo cuente todo, que reflexione antes de abrir su bocaza. Otras tengo que obligarle a que vomite todo lo que lleva dentro porque tengo miedo de que reviente como una pompa de jabón. Revienta una y otra vez y no aprende. Ya ni siquiera sabe el motivo de tal explosión.

Creo que influye demasiado la cercanía de la fecha límite. Tiene miedo al vacío que hay detrás. Yo lo único que le pido es que no se vaya muy lejos. No es necesario. Su mochila se va con ella. Pero cuando se lo digo, se ríe y me dice que aquí la única que lleva mochila soy yo porque para eso soy “Dora la exploradora”.

No me toma en serio. ¿Cómo va a hacerlo si no me tomo en serio ni yo? Tendré que empezar a escuchar a Bradlee cuando me dice que ya llega el nuevo curso escolar y que aproveche esta nueva aventura.

Nueva aventura, sí, pero, ¿hacia dónde?

Joder, Bego, qué miedo me dan los saltos al vacío. Espabila y céntrate, por favor. Te necesito amarrada a mi mochila azul. No puedo perderte. Ahora, no.

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