La pava de la Bego

La Bego se quiere hoy mucho. Demasiado, diría yo.

Hacía mucho que no quedaba con ella porque, a decir verdad, no tenía ni ganas ni energía para escuchar lamentos. Así que ahora que en Siberia hace calor y sale el sol algo más de diez minutos al día, he aprovechado para contraponer sus males de razones con la alegría que me trae el sol.

Le he visto un poco ‘bajica’ de ánimos, para variar. Y se me ha ocurrido comentarle que este sábado pasado un señorico majico me preguntó que a ver qué pasaba con la Bego, que no salía mucho en el blog. Al parecer, la Bego le cae bien, le hace gracia. De hecho, suele leer sus idas de olla. Bueno, a mí mientras no me líe para volver a jugar el año que viene, me vale.

En fin, a lo que iba. Viendo cómo se iba creciendo la Bego, le he tenido que decir que se notaba mucho que yo era la única que aguantaba sus berrinches porque a mí, gracia, lo que es gracia, no me hace. Ahora, también os digo. No ha servido de mucho mi ligero intento de rebajar el piropazo de antes. La Bego se ha crecido como un pavo real. Pues no va y se le ocurre decirme que es que ella tiene encanto y que ya puedo espabilar que cualquier día me quita el blog y lo gestiona ella misma.

Os lo juro, desde que es mayor de edad no hay quien le aguante.

Ah, que es que no os lo había contado. Ya ha cumplido su mayoría de edad. Sigue sufriendo como una idiota por temas más idiotas aún y no espabila ni para atrás, pero por lo menos ya podemos beber cerveza juntas.

El otro día incluso hicimos una fiesta. Las dos solas. En la calle. Estábamos con más gente, pero en el fondo, solas. Fue un pequeño momento de liberación, de no pensar, de seguir, de bailar, de hablar, de confesar. Antes de los limones, antes de las litronas.

Y aunque sirvió para poco porque la Bego no tardó demasiado en venirse abajo, sí marcó un punto de inflexión.

Hay personas que han nacido con alma de psicólogas y son capaces de activar en ti un cambio sin que tú, en ese momento, te des cuenta. Qué suerte poder llamarles “amigas”.

En el fondo adoro a la Bego pero, Dios, a veces es insoportable.

¿He dicho ya que necesito vacaciones?

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