N.

Otra vez ese nudo en la garganta.

Cuatro tonos de llamada y una voz. Es N.

  • ¿Qué tal?
  • Bien, ¿tú?

Puesta al día rápida, pero más rápida es la apertura de compuertas. Acabo de salir de mindfulness. Estoy revuelta. Me dejo llevar demasiado por la mente y luego no soy capaz de volver a mí misma.

  • ¿Pero qué ha pasado?

Ha pasado esto. Y esto. Y esto. Y otra vez, esto. Pero todo es lo mismo. Otra vez.

Y le digo que hay veces que no puedo más, que intento seguir pero que estoy cansada, que no quiero, que quiero pararme y no hacer nada y ya está y que nadie me ralle la cabeza. Que yo sé que no puedo más y punto.

Pero N. me manda casi al carajo: que no puedo más no me lo creo ni yo, que sabe que sí puedo y que un día explotaré pero para bien, que es una época inestable por todo, empezando por el trabajo, pero que un día estará todo mejor y que vaya poco a poco.

Y yo le digo a N. que en el fondo me levanto y me acuesto contenta, pero que a veces me da por pensar en el futuro y me agobio. Y que a veces incluso me da por pensar en el presente y me agobio más aún. Que a veces pierdo la confianza en mí misma y eso me asusta.

Y N. me envía unas palabras que un día cayeron en su poder para recordarme que todos tenemos algo que nos hace “preciosas”. Y que sabe que lo tengo porque “no te hace falta mucho para salir a la calle y desprender energía”. También me hace ver que “hay cosas que te cuestan horrores porque un día te salieron jodidamente mal”, pero que eso no me tiene que echar para atrás. Y me dice que sabe que no quiero una sola decepción más y que por eso le pongo pegas a todo: “Absolutamente a todo”. N. cree que es miedo aunque yo me empeñe en llamarle “escudo”.

Tan solo me pide que abra los ojos al mundo todo lo que pueda, por si acaso, porque tengo unos ojos preciosos.

Yo solo puedo contestarle que “gracias” porque no me sale decirle nada más. Sin la Bego y su barca de salvamento estoy perdida y solo puedo flotar en el pequeño lago que he creado en la habitación. Maldito mindfulness que me desbloquea emocionalmente. O bendito. Cuánto camino queda por recorrer.

Gracias, N.

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