Vacaciones para Bego

Ha sido la clase más dura de Mindfulness que he tenido hasta el momento. No es que haya ido a muchas ni que practique todos los días (que debería y sé que pronto me llevaré una bronca de Bradlee por eso), pero creo que es una de las más duras que voy a tener nunca.

No sé si lo había contado, pero bueno, si lo sabe la Bego, lo sabéis todos. Llevo casi un mes yendo a Mindfulness. Llevaba demasiado tiempo con más ansiedad de la habitual y sentía que no disfrutaba ni de mí ni de las cosas buenas que me pasan. Tampoco de las malas. Como todo en esta vida, todo lo bueno tiene un lado malo, y todo lo malo tiene un lado bueno. Y adaptarse no es fácil. Para mí, al menos, no lo es. Y la verdad es que obligarme a parar quince minutos al día y a dedicármelos a mí, y solo a mí, ha sido la mejor decisión que he tomado en los últimos meses.

Pararse a pensar es horrible. Y más si tienes a la Bego dando vueltas una y otra vez por tu cabeza. Porque la Bego, cuando quiere, es una dictadora. Y sin querer, puede hacer daño.

En la última clase, Clemente (mi profesor de Mindfulness, algún día os hablaré de él) nos pidió que con los ojos cerrados, imaginásemos una pantalla de ordenador. El típico escritorio del paisaje. ¿Lo veis?

Imaginadlo conmigo.

Una pantalla, un paisaje, y tú con tu ratón. Vale. Ahora, imagina situaciones de tu vida cotidiana que te generen estrés, ansiedad, tristeza. Coge la primera (¿trabajo?) y ábrela como si fuera una foto. Bien. Nos sirve. Minimízala y colócala en la esquina superior izquierda. Ahora, sigue. ¿Familia? Cógela y repite la operación. ¿Salud? ¿Estudios? ¿Mal de razones?

Abre imágenes y colócalas en la pantalla hasta que sientas que se te cierra la puerta de las quejas (al menos así me sentí yo) y que solo quedas tú.

Y ahora, escoge una de esas situaciones. Y visualízate en ella. ¿La tienes? Bien. ¿Cómo te sientes?

No diré cuál escogí yo, tampoco importa. Solo sé que se me empezó a agitar la respiración y que me agobié porque fue demasiado real.

De fondo oía la voz de Clemente dándonos instrucciones (son talleres en grupo): Visualízate, respira, controla tu respiración, no te culpes de ese estrés, no te juzgues a ti misma, asúmelo y toma distancia de esa ansiedad…. 

A Clemente solo le oía de fondo porque la Bego, tan inoportuna como siempre, se coló en mis pensamientos. Casi podía oírle susurrar en mi oído izquierdo: “Pareces retrasada, tía, anda que agobiarte por eso; pues ya está, chica, que sigas caminando te digo; más te valdría responder a esos whatsapps, ponerte a estudiar de una vez y dejarte de tanta tontería”.

Clemente seguía indicándonos… (Ahora, chicas  sentid vuestro cuerpo. ¿Os duele algo?)

A Pili (nombre ficticio) le dolía el estómago, a Paz, las rodillas. Y joder, sí, a mi me dolía el corazón. Como si tuviese clavado un punzón. Poco a poco intentamos trasladar ese dolor a otra parte del cuerpo. Y me empezó a doler la garganta. Sentí un nudo enorme que intentaba salir de la garganta. Joder, dolía, mucho.

Y me eché a llorar. Sí, yo, con gente alrededor. Llorando. La Bego incluso dejó de malmeter porque se quedó loca. Y por primera vez, fui capaz de mandar a la Bego a tomar viento fresco. Con amor, pero le di vacaciones.

El nudo de la garganta me siguió doliendo toda la sesión, pero el corazón ya no dolía tanto. Creo que de hecho, me dejó de doler durante unas horas. Fui capaz por un momento de dejar de exigirme a mí misma, de dejar de presionarme para llegar a todo, para seguir caminando. Así que me senté en el suelo de mi situación imaginaria y me negué a seguir andando porque yo lo que quería era llorar. Y lloré. No mucho porque, para variar, mi rímel no es waterproof y tampoco era plan.

La Bego me observaba de lejos, con la maleta, el bikini y las chanclas puestas. Esta vez ni siquiera ella me rescató con un bote de pepinillos.

Creo, de hecho, que fui yo quien por una vez rescató a la Bego.

Todavía sigue de vacaciones. Creo. Me ha mandado un WhatsApp para decirme que no me confíe, que llegará antes de lo que pienso. La verdad es que aunque estoy deseando que cumpla ya su mayoría de edad, cuando no está, le echo de menos.

Ay Bego, haces conmigo lo que quieres.

Vuelve pronto, pero vuelve democrática, sin totalitarismos. Te quiero cerca, pero te quiero libre, me quiero libre.

Ah, y trae pepinillos.

Jaque mate.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s