Inundación en el 6º

Ya me lo avisó la Bego. “Cuando pares y te relajes te vas a llevar un hostión que te van a tener que reimplantar hasta los dientes de leche”. Olé, la Bego y su finura. Y su razón. Porque razón no le falta.

Han pasado ya unos días desde la inundación en mi casa. Metafóricamente hablando, claro. Bueno, la verdad es que perdí cerca del 10% de agua de mi organismo. Y no fue por partir cebolla, que también. La Bego dice que se me ha roto el dique de tanto aguantar, pero yo le digo que no, que es que hace tres semanas que no compro pepinillos y claro, se ha desatascado la sal que había en mis lagrimales.

(Jaque mate, Bego, a ver qué teoría absurda supera a la de los pepinillos).

En realidad a la Bego tendrían que darle un premio por crack, por aguantarme cuando nadie más lo hace y por sacarme del bucle de autocompasión con la primera mala idea que se le ocurre. Otra cosa no, pero cuando hay una mala idea, allí que vamos las dos.

En la inundación de hace unos días la Bego vino en barca a por mí. Me obligó a levantar  el teléfono y a llamar a las de siempre. Yo no quería porque no me gusta llorar, pero es que la inundación llegaba ya a los de abajo y necesitábamos a alguien con un poco de cordura para pararla. Terminar con la inundación solo nos costó un par de horas más. Creo que perdí un par de kilos de achicar agua, pero oye, todo OK, todo wonderful.

Cuando terminamos de secar el piso la Bego sacó un par de cervezas y puso música. Que quería bailar. A ver, ¿estamos locos? ¿Dos horas achicando agua y aún quieres a bailar, Begodeldemonio?

Sí, aún me duelen los pies. Qué arte, qué clase, qué movimiento, qué hostión que casi nos damos porque aún quedaba un poco de agua en el pasillo.

Me pegué tres días maldiciendo a la Bego por las agujetas, aunque creo que le quiero un poco más que ayer por recordarme lo más valioso que me ha enseñado hasta ahora: que no hay inundación posible que nos haga olvidar que la vida es un chachachá, y que dando dos pasitos adelante y un pasito atrás, llegaremos al destino. Antes o después, pero llegaremos.

Qué mayor te me estás haciendo, Bego, ya no queda nada para tu mayoría de edad.

 

 

 

 

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