Dolor de pies

Bego y yo estamos un poco cansadas hoy. Llevamos un par de días bailando demasiado chachachá. Vamos hacia adelante, hacia atrás, y vuelta a empezar.

Esta mañana hemos quedado en un bar porque necesitábamos un litro y medio de café para poder empezar el día. Bego me ha confesado que solo piensa en marcharse un tiempo, no sabe dónde, porque quiere escapar y volver a empezar. Yo le digo que yo también quiero, pero que no lo haga, que lo que importa no es dónde esté, sino lo que tenga en la cabeza.

Hoy hemos estado hablando de lo que nos está costando dejar atrás algunas cosas, que a ratos nos duelen los pies de bailar chachachá, y que a veces no podemos evitar ponernos un poco tristes. Pero en el fondo, esto ya lo sabíamos las dos, todo es cuestión de tiempo. Y también sabemos que en el fondo no podemos estar tristes porque hoy en el bar todavía quedaba roscón de reyes.

Bego me cuenta que ella cada día que pasa está un poco mejor, pero que a veces le duele la cabeza de tanto pensar. Yo le confieso que a mí me pasa lo mismo. Creo que tenemos la materia gris hecha de hormigón armado. Bego se ríe porque a ella siempre le han dicho que tiene la mollera demasiado dura.

Al rato hemos vuelto a nuestro banco y me he fijado que ya no le cuelgan tanto los pies. Creo que ha crecido. Por dentro y por fuera. Se siente aliviada y se le nota. Y yo, yo no sé cómo seguir creciendo por dentro. Por fuera es imposible, ya lo sé, me he quedado Kanija. Bego me ha prometido que me va a ayudar a crecer, que solo necesito seguir siendo yo misma todos los días. (¿Y eso cómo se hace?).

Le cuento que este fin de semana me escapo a Madrid. Solo dos días. A reír, hablar, llorar y beber vino blanco. En grandes cantidades. Y a comer patatas. En cantidades industriales. Le digo que allí me está esperando una cordobesa que solo tiene malas ideas porque en realidad yo me iba a poner a dieta. Bego tampoco me cree, dice que lo de ponerse a dieta lo llevo mal. Yo le digo que no es mi culpa que mi madre haga tuppers ricos y que tenga que rebañar el plato todos los días.

Eso sí, le soy clara, hoy ya me pongo a dieta. Pero a dieta de malos pensamientos. Le cuento que ya tengo un truco para dormir un poco mejor. Cuando noto que me estoy quedando dormida pienso en algo que me haga mucha ilusión y consigo descansar algo. Pero Bego se ríe de mí porque suelo pensar en el trabajo. Bego, en cambio, me confiesa que sigue sin dormir bien, que sueña mucho y demasiado intenso, y que no sabe qué hacer para poder descansar. Hemos decidido que además de chachachá vamos a ir a zumba juntas para desconectar.

Mañana hemos quedado en el mismo banco de siempre para recuperarnos del dolor de pies y seguir practicando. Poco a poco nos están saliendo mejor los pasos de chachachá. Algún día conseguiremos bailar sin dolor de pies y conseguiremos pensar sin dolor de razones.

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