Me sabe a poco

He vuelto a mis orígenes. Llevo toda la mañana escuchando Marea y Extremoduro mientras subrayo los apuntes como si los estuviese leyendo. Me están quedando preciosos. Amarillo para lo IMPORTANTE, rosa para lo SUPER IMPORTANTE y naranja para lo EXTREMADAMENTE IMPORTANTE. Veo poco pintado. Necesito una brocha. Bueno, la verdad es que solo los márgenes están en blanco. Ni que hubiese que subrayar solo lo esencial.

Entre bostezo y bostezo empiezo a pensar el tema de la próxima columna que hay que entregar el martes. No tengo ni la más remota idea de qué escribir. Llevamos más de un mes escribiendo editoriales y ya me había acostumbrado a pensar temas políticos, económicos o de seguridad nacional. Uf, ahora me niego. Quiero escribir algo que me guste de verdad. Como si fuera este blog, pero sin serlo. Y como si nadie me lo fuese a corregir, pero presentándolo.

Solo me he quedado con una idea de los apuntes: tengo que encontrar mi propia personalidad escribiendo. ¿Y eso cómo lo hago? Imitando, dicen algunos. Leyendo, dicen otros. Leyendo e imitando. Pues hoy me da pereza. Y mientras me quedo mirando a las musarañas bebiendo mi café calentito, calentito, suena de fondo: “Que ya sabes que la luna a mí me sabe a poco”. Ay, luna de Valencia, qué cerca estás hoy. Ay, este café sí que me sabe a poco, necesito más azúcar. Ay, pausa para descansar.

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