De alarmas y siestas particulares va la cosa

Adoro las alarmas. Pero adoro todavía más que no suenen. Ayer me levanté digamos, que veinte minutos después de que empezase la clase. Genial. Estupendástico, Fantástico. Awesome. Y casi llego tarde a la siguiente. Oye, esto de las alarmas es un problemón. No suenan, o suenan poco y no me entero.

Eso o que tengo un serio problema de sueño profundo. Pero profundo, profundo. Y si no que se lo pregunten a mi siesta de hoy, que he tenido que ponerle nombre, apellidos e inscribirla en la Seguridad Social por su magnitud. Eh, tal cual. Es la primera siesta en dos semanas, I promise. Qué horror.Tenía que recuperar el sueño perdido.

Es que ayer acabé durmiendo con Lucía, y dormir, dormir… Nanai. No por culpa nuestra, ¿eh? Nosotras nos limitamos a comer nocilla y a bailar en la cocina. Algo totalmente lógico y normal. El problema fue cuando llegaron ciertos sujetos a su casa. Ay, a esos yo en vez de en la Seguridad Social los inscribiría en el zoológico. Pero con cariño, ¿eh? EN LA JAULA DE LOS MONOS. CON UN PAQUETE DE PLÁTANOS.

Menos mal que Lucía se apropió de un rodillo y estuvo dispuesta a defendernos. Mi vida por un rodillo. Si tengo que fiarme de la loca esta y entregarle mi vida…

Pero la defensa-rodillo no fue lo único peculiar del jueves.

A ver, os pongo en situación.

Una chica muy formal y sana, osease yo, se dispone a ir al gimnasio para cuidar su línea redonda. Llega al vestuario y..tatatatatxaaaaaaaaaaaan. La chica, osease yo, me encuentro a una adorable chinita de 2×2 metros dormida en uno de los bancos. Pero no estaba echando una cabezadita inocente. No, no, la tía estaba murmurando en sueñecitos y haciendo ruiditos. Entro una mujer al rato (a todo esto, yo estaba sola con ella) y no sabía la pobre qué hacer: despertarla, no… ¿Qué hacer cuando te encuentras a una persona dormida en el vestuario? Un manual, por favor.

Al final me volví a quedar sola con ella. Oye, que tensión. Estaba nerviosa. ¿Y si abre los ojos y me pilla aquí mirándola todo descarado? Tatatatxan! Pues sí, me cazó. Abrió los ojos de golpe y porrazo (porrazo el que casi me pego yo) y me miró todo lo mal que puede mirar una persona que viene de Zombilandia. La pobre mujer no dijo ni mu. Se fue y me dejó solita y desolada.

Hoy me la he juntado por el campus. Creo que me ha reconocido. Mami, tengo miedo.

Y tengo miedo también de las locas de la cocina. Tengo a dos sujetos en la cocina (habitaciones 2 y 5) que han pedido azúcar y sal a tres o cuatro pisos ya. ¿El motivo? Creo que conocer vecinos. Mami, tengo miedo. Quieren dormir en la cocina. Mami, voy a echar el pestillo por si acaso.

Qué vida más dura. Viernes a la noche y estudiando cual mujer responsable. Quién fuese pato para pegarse la vida nadando y vagueando. ¿Patos?, ¿he dicho patos? Qué daño hace la soledad estudiantil. Eso o que están por todos lados!!

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Aunque creo que no soy a la única a la que le afecta la soledad estudiantil. En el pasillo de casa ha aparecido una bicicleta con pretensión de bici estática. Y una ciclista con una pedrada en la cabeza de aquí a Cuenca, que pilla lejos.

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Aburrirnos, lo que es aburrirnos, poco.

Reflexión de hoy.

PD: ya ha habido simulacro de incendios en dos o tres residencias a las siete de la mañana. La alarma se acerca hacia nosotras. Mami, tengo miedito.

See you soon!

Amaia

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