BIZCOCHO CON NOMBRE PROPIO

Estoy por montar un blog de gastronomía. Yo e Isabel, mano a mano. Pesadilla en la cocina. Pesadilla para el resto claro, porque nosotras nos lo pasamos genial.

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– Isabeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel! ¿Pero que haceees?

– Niñaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿ya me estás riñendo?

– Pero si yo no te riño!

– Ay, ay, que están las cookies en el horno.

– Isabel, ¿cuánto les queda a las cookies?

– Ah, no sé.

– A ver, pero sabrás cuanto tiempo necesitan estar en el horno, ¿no?

– ¿Yo? Pero si yo no me leo las instrucciones de la bolsa.

BRA – VO.

Ale, a buscar la bolsa de la masa de las cookies en la papelera. Claro, porque son cookies de masa precocinada. Solo hay que añadirles agua. Yo aun no me fío del demonio pelirrojo. Las que puede liar. Aunque oye, tengo que reconocer que el bizcocho de hoy nos ha salido… VAMOS, DE CAMPEONATO. Con Nutella y todo. Bueno, al menos ha subido, que el de la semana pasada se quedó el pobre escuchimizado.

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Lo que tienen que aguantar las pobres americanas. Cuando las dos españolas tenemos el día tonto, ellas tiemblan. ¿Qué harán esta vez? Na hijas, que desconfiadas. Yo me limito a echarle la bronca a Isabel y ella se dedica a hacer pues; no sé, ¿volteretas en el pasillo? Sí amigos, sí. VOLTERETAS. Y todo mientras el resto se comía nuestro bizcocho, que si no es porque escondimos un par de cachos casi no lo catamos. Somos demasiado buenas cocinillas. Ajá.

Y bueno, yo creo que Isabel le metió alguna droga al bizcocho. Creo no, estoy segura. Si no no me explico cómo se le fue la pinza tanto. Sí, sí. La pobre mujer empezó a ver visiones. No sé si fueron hierbas naturales o el collage del yayo. Puede que lo último. Pero tendríais que haberla visto. El yayo, para quien no lo sepa, es un profesor que está más cerca de los cien que de la primera comunión. Y según algunas locas pues es un sex symbol. Ejem. Locas pelirrojas. Habitación 5. Cordobesaquenoextremeña.

Pues el yayo le debió de alterar la sangre.

Ay, jajajajajajaja. Pues la loca esta cogió mi silla y puso mi almohada encima. Vaya, el yayo y la silla de ruedas. No sé cómo se estaba imaginando al yayo pero lo único que le gritaba era: yayo ataca!!! YAYO ATACA! (shasho atacaah – en su dialecto- ;)). Nada, que tuve que ir a buscar ayuda. Pobre Jamie, flipando se quedó cuando vio a la loca esta paseando una silla y una almohada por el pasillo. Estaba imaginándose que iba por un parque o algo así.

Y como en toda familia feliz imaginaria pues añadió los críos. Sí, sí. Luis Wentworth. Ale, ató una mochila a la pata de la silla y a pasear.

– Pero niñaaaaaaaaaaaaa! ¿Cómo vas a arrastrar así al niño?

– Claro, yo ato la correa del niño a la silla de ruedas y cuando llegue al parque pues lo suelto y ale, a jugar.

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Llevaba tiempo sin reírme tanto.

SOCORROOOOOOOO POR FAVOR.

SOCORRO.

Al menos en casa tenemos a gente normal que nos organiza la vida… Adoramos a Katelyn y su tabla de organización de tareas. Sobretodo con los nombres: mum (yo), dad (Bailie), goldfish (Katelyn), beagle (Jamie) y rebel (Chungmay).

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Al menos hoy no hemos zampado tanto como ayer. Bueno, quizá sí. Quizá alguna bolsa de patatas ha caído. Pero hay que entendernos. La biblioteca da mucha hambre. Que sí, que lo juro. Aunque con estas vistas no se puede estudiar. Asín, no.

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See you soon,

Amaia

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